Eran las cinco de la mañana, apenas empezaba aclarar el día, los colectivos poco a poco hacían su aparición en las calles. Es un día de aquellos en que algo se celebra incluso desde el día anterior, y de eso da prueba un restaurante, en el cual termina toda buena y mala rumba en la ciudad de Popayán, al frente se encuentra la galería de la esmeralda en la cual empieza el bullicio, poco a poco el día va adentrándose en horas. Es el día de la madres y como buenos payaneses, muchos optan por cocinar para esa mujer especial o simplemente la llevan a almorzar, por ser domingo lo más popular es un buen sancocho de gallina o algún otro plato especial. En la galería se nota la gran cantidad de gente preparada para celebrar este día, la papa ya sea guata o colorada, la mazorca o el choclo, el cilantro, la yuca, están a la orden del día, la gallina preferiblemente de campo es otro de los productos que mas se vende.
La música cumple una función primordial en esta celebración, pues en las estaciones de radio solo se escucha música con temas en relación a nuestras queridas madres, los saludos, las felicitaciones y las lagrimas se pueden sentir en el aire ambientado por los sonidos a veces melancólicos de los ritmos tanto colombianos como extranjeros, las serenatas aunque muy pocas también se dan, no faltan los tríos o grupos que contratados por restaurantes o eventos programados sirven para honrar a esas mujeres que nos dieron la vida.
Los cementerios se llenan de gente que llevan los ramos a las mamás que ya no se encuentran en este mundo, pero que aun sonríen a sus hijos e hijas que aun no las han olvidado, el llanto y la sacralidad del sitio se llena de melancolía y alegría, se confunde entre las risas de los nietos y la seriedad de los padres o el bullicio de toda la gente que como un día sacramental tiene su mística y costumbre, en este sitio en el cual también se puede escuchar un bolero o una balada cantada por alguna o algunas voces aguardientosas provenientes de un cantante y guitarrista errante de las calles de la ciudad.
Los almuerzos de este día albergan la familia, esa unidad que mucha veces cambia al matriarcado, lo que ella desea se cumple o se trata de cumplir, una copa de vino tal vez una cerveza, un aguardiente caucano están a la orden del día, algunas familias dan regalos a sus madres, que van desde la bisabuela hasta la hija del matrimonio más reciente con hijos. Ya es pasado el mediodía y las calles de la ciudad se ven desoladas, uno que otro transeúnte que preocupado por la hora que es se ve afanado en la calle, el silencio de las calles invita a una tarde soñolienta de domingo.
Ya es la tarde del 11 de mayo de 2008, las familias que tienen medios de transporte se preparan para salir de la ciudad a algunos de los pueblos aledaños o a alguna finca para un pequeño paseo o disfrute de algunas de las comidas típicas del departamento, aquellos que no tienen este transporte se contentan con caminar hasta el sector histórico. La empanada, el tamal, el champús o la chicha, son algunas de las comidas que terminan llenando los festejos del día, sin contar el bofe, la rellena, el chicharrón, la costilla y la picada. La alegría del día se desborda ya casi entrada la noche, cuando al final todo vuelve a la normalidad en todas las casas, es un domingo nocturno como cualquiera en las solitarias calles de la ciudad de Popayán. Tan solo quedan los afanes de quienes deben trabajar o estudiar el lunes.
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